Curso De Barman

 El trabajo de un barman es mucho más que servir bebidas. Eso lo puede hacer cualquiera sin necesidad de ser un profesional. Y en muchos casos lo hacen, relegando la presencia del auténtico barman al ámbito de coctelerías de lujo y hoteles de cinco estrellas. Y convirtiendo, de paso, los locales de ocio en auténticos abrevaderos de alcohol. Algo que no hace sino revalorizar la profesión.

Porque dispensar bebidas espiritosas es una profesión antigua y seria. En Inglaterra, por ejemplo, para vender alcohol en un establecimiento, se necesita una licencia emitida por la reina -como si de una farmacia se tratara-.

Conocer los licores y sus características, preparar convenientemente los diferentes cócteles y combinados, conocer su historia y sus características y saber cuál es más adecuado para cada momento y cada persona, es sólo la parte más visible de este oficio.

Pero éste incluye también saber atender a los clientes, saber escucharles y animarles, y saber ofrecerles este arte en unos momentos, los de descanso y esparcimiento que, para muchos, son también sagrados.

Y como igual se bebe para celebrar que -como dice el tópico- para olvidar, un buen barman debe saber recibir con una sonrisa tanto las alegrías como las penas de sus clientes, las confidencias y también las impertinencias. Saber lidiarlas con discreción y elegancia es fundamental.

Alardes malabaristas e inventiva en los cócteles que ofrece pueden convertir al barman en aliciente y reclamo para los clientes. Pero son adornos prescindibles en su labor principal: hacer que los clientes se sientan, más que cómodos, especiales.

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